14 noviembre 2008

Se divorcian por un 'affaire' del marido con otra mujer... en 'Second Life'

Menuda noticia. Y el caso es que no me extraña y aunque es la primera vez que leo sobre una infidelidad en Second Life no es la primera vez de un caso de infidelidad en internet.


Lo que me asombra del ser humano con respecto a esta cuestión son dos cosas:


1º Que seamos capaces de tener tal ilusión por un avatar-nick del MSN o de un chat cualquiera y engancharnos esperando impacientes el próximo e mail o mensaje del cyberamante de marras, incluso teniendo una pareja en la habitación de al lado como ocurre en cientos de ejemplos parecidos.


2º Que seamos capaces, por otro lado, sentir nuestra dignidad herida hasta tal punto de que dejemos a alguien -que por otro lado no ha tenido ningún contacto carnal con nadie, al menos no todavía-simplemente por unos e mails, mensajes guarros o lo que sea. ¿No es más un juego infantil inocente, o de verdad es tan serio?


Puedo entender que si alguien haga eso pues es que algo le falta en su vida de pareja pero, ¿Hasta que punto es infidelidad?


Leyendo el artículo del Mundo me llama la atención otra cosa: la joven oronda acusaba al otro de no haber cumplico con la promesa conyugal- subrayando lo de conyugal, matrimonio- de fidelidad, luego, ¿aquellos que no estamos casados pero tenemos pareja, podemos entonces ser infieles pues no tenemos obligaciones conyugales?


¿Si mi pareja se deja tocar el culo por un amigo es infidelidad?


¿Si mi pareja sigue hablando -entended hablar por cierto flirteo encubierto- con su ex es infidelidad?


¿ Si se lia (solo besar, no sexo) con tios porque le gusta la juerga y el alcohol la vuelve lanzada es infidelidad?


¿Y si ella se lía con mujeres, también es infidelidad para un hombre o viceversa -liarse con un tío- para una mujer?




¿Y no sería más fácil admitir que somos todos polígamos y que resulta duro aceptar que nuestra pareja pueda sentir impulsos del todo normales hacia otras personas? Vamos, las mismas que sentimos nosotros de manera natural y que les ocultamos.


Quizás todo se complica con los sentimientos y el deseo de poseer a la otra persona.


¡Puñetero apego, puñetera dignidad!


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